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Comentários sobre Fenomelogia Gestáltica:
(Revindicando El Legado de F. Perls)

Carlos Alberto Vinacour

A. Ejemplo 1

Imaginemos la siguiente escena. Un europeo en pleno siglo veinte se encuentra en una hermosa pradera compartiendo con su hijo una caminata. De repente, el cielo se oscurece y el apacible día soleado deja paso a una abrupta e impensada tormenta de verano. Las ramas de los árboles comienzan a crujir. Fuertes vientos se levantan y golpean la cara de los dos desprevenidos paseantes. El niño se asusta.

-Papá, tengo miedo ¿Qué es esto?

-Nada serio hijo, es solo una tormenta. Como ves llueve. Son frescas gotas de agua que caen. Aprovechémoslas, hasta ahora el calor era agobiante. Te propongo quedarnos bajo un árbol y disfrutar.

-¿Pero, por qué llueve papá?.

-Es un fenómeno meteorológico. Una nube cargada de vapor de agua se encontró en la atmósfera con una masa de aire muy frío, el vapor se condensó y cae en forma de gotas de agua. Eso es todo, no hay porqué asustarse.

Si pensamos la escena en la misma pradera seiscientos años antes de Cristo, en la Grecia antigua, el diálogo hubiera sido algo diferente

-¿Qué es esto papá? Pregunta el niño.

-Algo muy auspicioso hijo. Son las lágrimas de Zeus, señor del cielo, dios de las lluvias y acumulador de nubes.

-¿Pero, por qué llora?

-Démeter vio nuestros campos secos, se apenó por nuestras cosechas y debió pedirle a Zeus que se apiadará de su pueblo. Zeus ha cumplido haciendo brotar de sus ojos las lagrimas que ves en la tierra. Los dioses están con nosotros y hay que agradecer lo que están haciendo. Debemos ir ahora al templo de Delfos y dar una ofrenda por este regalo del Olimpo.

Ejemplo 2 (tomado de Bateson G. Metálogos: ¿Qué es un instinto? En Pasos hacia una ecología de la mente. Ed. Carlos Lohlé. Bs. As 1976. Pg. 65)

Hija: Papá, ¿qué es un instinto?

Padre: Un instinto querida, es un principio explicativo.

H.: ¿Pero que explica?

P.: Todo... casi absolutamente todo. Cualquier cosa que quieras explicar.

H.: No seas tonto. No explica la gravedad.

P.: No, pero eso es porque nadie quiere que el “instinto” explique la gravedad. Si lo quisieran, lo explicaría. Podríamos decir que la luna tiene un instinto cuya fuerza varía inversamente al cuadrado de la distancia...

H.: Pero eso no tiene sentido papá.

P.: Claro que no, pero fuiste tú la que mencionó el instinto, no yo.

H.: está bien... ¿pero qué es lo que explica la gravedad?

P.: Nada querida, porque la gravedad es un principio explicativo.

H.: ¡Oh!

Conclusión
Cada vez que observamos un fenómeno primero lo llenamos de sentido –“estas son gotas de agua” o “estas son lagrimas de Zeus”- y luego intentamos buscarle una causa – “el vapor se condensó al chocar con una masa de aire frío” o “los dioses están tristes al ver nuestros campos secos”-

B. El Porque de las causas

Dice Nietzsche: “Hablemos de la cronología de la causa y el efecto. El hecho fundamental de la experiencia es que la causa se imagina una vez que el efecto tuvo lugar. Lo que llamamos efecto es en realidad la causa de la causa.”

En otras palabras, el efecto es el disparador de la causa.

Toda vez que observamos una conducta, solo en ese momento, estamos en condiciones de elaborar las causas de esa conducta. ¡Nunca antes!.

Esto es lo que llevaba a Borges a afirmar que: “las causas son falibles...”, es decir inciertas, engañosas, “...los hechos no”. Solo los hechos son una realidad cierta.

Dicho de otra forma, podemos afirmar que:

- No hay causa anterior cierta.

- No hay nexo cierto seguro entre causa y efecto.

Todas nuestras afirmaciones sobre las causas son construcciones; algunas altamente sofisticadas, sin duda, pero solo construcciones que sirven para intentar explicar lo que en verdad es inasible y pertenece al terreno incierto de la elucubración.

La realidad es tan compleja que es inabordable, o por lo menos abordable parcialmente por la razón y sus métodos.

Son tantos los factores que anteceden a una conducta y a su vez esta repercute en tal cantidad de eventos, que, parafraseando a Jean Ambrosi (terapeuta gestáltco de origen francés), produce vértigo.

Ambrosi dice: “Es todo movimiento, infinidad de movimientos que nosotros no podemos reducir a ecuaciones o precisar a partir de causas. El fenómeno de la conducta no es aprensible ni comprensible”.

Existe un carácter arbitrario que construimos en cada nexo, y no advertimos que inventamos nexos a través de la razón. Nunca hay datos ciertos, reales o verdaderos, son constructos que hace nuestra conciencia.

Hemos educamos, incluso a nuestros sentidos, con la ideología racionalista de la causalidad.

Estamos profundamente absorbidos por la razón, no sólo en el terreno de lo cognitivo sino también en el de los sentimientos y las sensaciones, que sucumben frente al filtro racional.

Tenemos un estilo de dar cuenta de los hechos, aun de aquellos que pertenecen al terreno de los sentimientos y de lo sensorial, que es a través de la explicación.

Entiéndase bien, no es que no haya condiciones para que se produzca determinado acontecimiento. No es que no haya causas. Lo que sucede es que primero tiene que existir el efecto para después elaborar una construcción que nos permita “entender” cuales fueron las condiciones determinantes de ese suceso.

Creo que esta es la máxima esclavitud a la que estamos sujetos: suponer que los datos son la realidad.

Husserl se revela contra esto y plantea: “no expliquemos, solo describamos”. Esta es la base de la fenomenología.

Sin embargo la descripción de un fenómeno no es menos inocente que la explicación causalista.

A pesar de que permite desligarnos del origen de los hechos, la fenomenología, al seleccionar y priorizar determinados aspectos del fenómeno por sobre otros, se vuelve necesariamente selectiva y poco inocente.

Creo que esto sucede, entre otras cosas, porque del fenómeno, uno nunca podría describir la totalidad. Es imposible hacerlo. No nos queda más remedio que seleccionar “arbitrariamente” (¿o deberíamos decir objetivamente?) algunos datos y armar con ellos una descripción. Descripción que por el carácter selectivo del armado pierde ingenuidad.

Con todo Husserl no logró romper con la ideología racionalista explicativa. Se quedó preso en una teoría explicativa del procedimiento intencional de la conciencia.

El también buscaba las causas, la verdad última, la explicación, pero con otros métodos. Husserl plantea otra ruta, pero llega al mismo destino.

C. El sentido de las Cosas

Aclaremos, no es que las cosas no ocurran libres de causas, por supuesto que ocurren, pero dentro de un campo explicativo en que uno está dándole un sentido al fenómeno.

No hay posibilidad de que exista un acontecimiento puro; los acontecimientos son dentro de un campo de sentido, y el campo es una construcción absolutamente arbitraria que pretende explicar un fenómeno dándole no solamente una causa sino también un sentido.

Determinados campos del habla constatan determinadas realidades y no otras.

Es por lo tanto una arbitrariedad, dar sentido de Verdad a una subjetividad, (o si se quiere a un constructo social, o a una interpretación de la época o de la ciencia de esa época).

Kant explicaba esto diciendo: “ No hay hechos en sí, hay hechos para.”

No hay fenómenos en sí, hay fenómenos para un campo. No hay “sí mismo” en sí, hay “sí mismo” para los gestaltistas. No hay superyo en sí, hay superyo para los psicoanalistas. No hay lluvia en sí, hay lluvia para la meteorología.

No es que no hay cosa, por supuesto que hay. Pero lo que hay es cosa para un sistema de pensamiento. Armamos “la cosa” utilizando las reglas de un sistema, y a la conclusión a la que llegamos le damos estatus de verdad, pretendiendo que esa es una verdad que excede al sistema dentro del cual fue creada.

Lo que olvidamos o nunca decimos es que los sistemas verifican siempre al interior, se autoverifican, se autoafirman, por lo que no pueden hablar de verdades. Por ejemplo, el superyo, se autoverifica constantemente dentro del desarrollo de la teoría psicoanalítica.

Esto se complementa con el planteo de Godel (1931) que sostiene que ningún sistema puede probar desde sí mismo sus propias proposiciones. Por ejemplo, si bien el superyo se autoafirma en el desarrollo de la teoría del psicoanálisis, no es menos cierto que el mismo psicoanálisis no puede probar de manera fehaciente su existencia. Como plantea Bateson en el Metálogo del ejemplo anterior: ¿qué es lo que explica la gravedad?. Nada, porque la gravedad es un principio explicativo.

En el mismo sentido el superyo es en el campo psicoanalítico un principio explicativo, al igual que el sí mismo lo es para muchos gestaltistas.

Borges decía: “toda clasificación del universo es arbitraria y conjetural. Por una razón muy simple, no sabemos que es el universo.” El filósofo argentino Luis Jalfen proponía cambiar la palabra universo por la palabra cosa (todas las cosas, cualquier cosa, no solo el universo), la frase se vuelve mucho más amplia y dramáticamente válida.

Perls pide en el prefacio de Ego, hambre y agresión “una depuración despiadada de todas las ideas meramente hipotéticas, especialmente de aquellas hipótesis que se han transformado en convicciones rígidas, estáticas, y que en la mente de algunos se han impuesto como realidad más que como teorías flexibles”.

Se ha hablado hasta el cansancio de las posturas anti-teóricas de Perls. Pero, ¿era en verdad un excéntrico anarquista que descreía de las teorías? O estaba planteando una fenomenología más radicalizada y por ende mucho más difícil de sostener para nosotros, humildes terapeutas atados a pesar nuestro a la carga racionalista de dos mil años de cultura.

Vivimos bajo el imperio de la ley que plantea convicciones rígidas, estamos sumidos en la Verdad como fuente de toda razón.

Sin embargo, nótese bien, no es lo mismo pensar que hay ley (lo absoluto) que reglas de juego (lo relativo). La ley se da en determinadas reglas de juego.

¿El vaso cae, o la tierra se acerca al vaso?. ¿cuál es la ley? ¿por qué no pensar que lo del vaso que cae es una regla de juego?

Permitámonos aceptar que adherimos a verdades absolutas que son solo simples reglas de juego dentro de un campo.

Aceptemos que esas supuestas verdades, son relativas, pueden ser cuestionadas y hasta cambiadas. Tal vez en ese momento lograríamos hacer más leves y livianas nuestras pesadas teorías.

Lo anterior supone plantear algunas preguntas inquietantes para nuestra tarea como gestaltistas: ¿existen causas o sistemas causales?, ¿existe algo llamado proceso?

¿Y si las conductas fueran solo emergencias?, conductas que emergen, antes que conductas “causadas por...” ¿Por qué no?

¿Y si las conductas simplemente aparecen?. ¿Y si desde nuestra esclavitud racionalista las cargamos arbitrariamente de sentido?

Los hechos son los únicos no falibles, decía Borges. Lo único cierto que podemos decir de un hecho es que “está siendo”. En el momento que lo vemos “está apareciendo”. Todo lo demás es conjetural.

El sentido del hecho y el origen del hecho son absolutamente falibles, inciertos y conjeturales.

Cambiemos las reglas de juego permitámonos pensar en lo aleatorio de las conductas.

Si incorporamos el modelo de lo aleatorio, la fenomenología gestáltica, podría ser vista no ya como un modelo que intenta entender y llegar a conclusiones, sin el prejuicio de la interpretación.

Desde la nueva visión podríamos hablar de

- Una metodología que sería la vía regia para permitir y alentar la emergencia de conductas aleatorias que aumenten el repertorio del individuo y permitan su crecimiento.

Las conductas surgen de un fondo y se transforman en figura. En este eterno proceso de estar siendo y haciendo, las conductas aparecen y desaparecen, sin cristalizaciones.

Sin embargo hay cristalizaciones en las patologías. Las patologías lo son, porque tienden a la cristalización.

Una conducta se repite y se repite, en vez de entrar en el eterno proceso de la aparición y la desaparición.

En las patologías las conductas se cristalizan y dificultan el surgimiento de nuevas conductas, de conductas originales y creativas.

¿Y si la tarea del terapeuta fuera solo crear las condiciones para que nuevas y originales conductas aparezcan? ¿Y si solo fuera eso? Sin la pretenciosa actitud de darles a esas conductas un sentido o un por qué o un para qué.

Kant plantea “Los juicios de la sana razón común son el negocio de los filósofos” . Nietzsche agrega que cada vez que intentamos darle al otro un sistema de verdad, nos estamos adueñando de esa persona.(“ Siempre que se habla de humanizar más el mundo, equivale a adueñarse más de él.”)

Cada paciente viene inmerso en un sistema de verdad. Creo que no tenemos autoridad suficiente para cambiarlo. Pero creo también que tenemos el derecho de intentar mostrarle que no hay sistema de verdad cierto, que hay muchas verdades al mismo tiempo y ninguna de esas verdades es excluyente. Somos hijos del monosentido, nos resulta muy difícil pensar en más de un sentido.

Fue Aristóteles el que inauguró la idea de que “si a es a, no puede ser a su vez no a”. ¿Quién está dispuesto a afirmar hoy que esto sigue siendo válido?

Cada evento, cada conducta, cada aspecto de la vida es en sí polisémico es decir que tiene una multiplicidad de sentidos. En eso radica “La eterna levedad del Ser ”

 

 

 

 

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